martes, 15 de diciembre de 2009

CUENCA Y UCLES. (MIS VIAJES POR ESPAÑA).

El slogan publicitario que nació hace ya muchos años, fue realmente extraordinario y de lo más acertado e impactante en su día. Todavía hoy, en mi opinión sigue siendo sin duda alguna uno de los más atinados que se hayan creado publicitariamente hablando: ¡ CUENCA ES UNICA!.


Y vaya que si lo es, y lo digo con la rotunda seguridad que me da el hecho de que posiblemente sea una de las capitales que más veces he visitado en España, lo cual me permite tener un amplio conocimiento de la misma y me vais a permitir que lo diga, también una cierta autoridad después de haber husmeado parsimoniosa y detenidamente en sus muchos y bellísimos rincones. Cien, doscientas, quizás más, no lo se con seguridad, pero un número considerable de veces con toda seguridad que lo hecho. He pateado, pisado y paseado sus bellas calles y plazas sobre todo en las décadas de los 70 y 80 del pasado siglo XX, años en los que por razones particulares la visitaba por lo menos una vez por semana. Sin presunción alguna creo que conozco España bastante bien, y lo que si tengo muy claro es que Cuenca es una de las ciudades con más encanto en la que uno puede estar varios días y al final tendrá la extraña sensación de que le faltan un montón de cosas por ver, que su estancia allí ha sido insuficiente, que habría necesitado más horas, más días, más tiempo en definitiva. Es cierto que esto ocurre con notable frecuencia. A muchos amigos míos que me han acompañado en mis viajes a esta ciudad, me lo han reiterado por activa y por pasiva; “habríamos necesitado más horas, tenemos que volver otro día”; y me consta que alguno lo ha hecho en varias ocasiones, como prueba del impacto que le causó esta ciudad. Entiendo perfectamente esta necesidad de volver que despierta a los que la visitan por primera vez.
Mi última visita de hace pocos días, fue debida a una extraña morriña con la que me desperté una mañana y que me obligó obviando cualquier otra responsabilidad a dirigirme a Cuenca de inmediato, casi diría que con premura, como si de algo urgente y necesario se tratara, así que sin pensármelo dos veces y ni corto ni perezoso enfilé los ciento sesenta y tantos kilómetros que la separan de Madrid, pensando primero en visitar el interesantísimo Monasterio de Uclés y la Iglesia de Carrascosa del Campo y después explayarme sin límite de tiempo por sus calles, sus plazas, sus hoces y saciarme tanto de los monumentos artísticos que la jalonan como de los paisajes inigualables que la rodean. Sin obviar como es lógico la indispensable visita a sus templos gastronómicos que en esta ciudad alcanzan la categoría de sublimes por la calidad de sus productos culinarios que los sabios restauradores locales saben transformarlos día a día en suculentos y apetitosos platos típicos difícilmente igualables.



No soy quien para aconsejar que es lo primero que uno debe visitar en Cuenca, pero sugiero que si va en coche, no se baje de él y haga un lento recorrido en torno a la ciudad, bien entrando por la hoz del Huécar y salir por la hoz del Júcar o viceversa, deteniéndose en cada recodo de la carretera y en los miradores estratégicamente situados desde los cuales se pueden admirar paisajes verdaderamente bellos, tales como: Las Casas Colgadas, panorámicas espectaculares de la ciudad, frondosas alamedas al lado de los ríos Huécar y Júcar y moles de granito entremezcladas con esbeltos y erguidos pinares que nos hablan de las características de su famosa y cercana serranía. Un recorrido que se puede hacer aproximadamente en hora y media, aunque dada la belleza del paisaje uno se puede quedar absorto en cualquier punto del circuito. Pero como de lo que se trata es de realizar una visita de un solo día, hay que hacer las cosas sin pausas y también sin prisas ni atropellamientos para que uno pueda disfrutar en todo lo posible de tan apretada jornada. Organizándose bien, un día da bastante más de si de lo que uno a veces se puede imaginar. Lo se por experiencia.
Un vez finalizado el recorrido recomiendo empezar visitando la Catedral de Santa María y San Julián, la única de estilo gótico anglonormando que existe en España. Una catedral cuya construcción se inició en el siglo XIII y que en el arranque de la cabecera su estilo es románico, con cinco ábsides, transpeto y tres naves. En el siglo XV se reconstruyó la cabecera del templo para abrir una nueva girola que en este templo resulta artísticamente única y de belleza inusitada. En el siglo XVIII se solicitaron los servicios de Ventura Rodríguez que llevó a cabo la realización de las vidrieras cuya iluminación interior causa un efecto espectacular. A principios del siglo XX, debido a un derrumbe de parte de la fachada motivado según dicen por la caída de un rayo, se reconstruyó una buena parte de ella en un estilo neogótico que tiene una cierta semejanza con la fachada de la Catedral francesa de Reims. Vista desde fuera da la sensación de estar inacabada, y lo cierto es que no está totalmente rematada, ni mucho menos, pero de todas formas su estructura y su estética son realmente sublimes. Curiosamente la única estatua que existe en la fachada es la de San Julián que fue obispo de Cuenca en el siglo XII, da la sensación que los canteros eran auténticos iconoclastas.


El interior de la catedral es muy curioso en cuanto a las soluciones arquitectónicas que se utilizaron, por ejemplo las bóvedas del transpeto son rectangulares en vez de cuadradas como son el resto de las catedrales. El triforio también es distinto al de la mayoría de templos de estas características, es muy estrecho y por ello se le denomina “falso triforio” pero resulta de una originalidad y belleza extraordinarias. La girola posiblemente sea la más original y bella de todas las catedrales de España, con su formación doble separada por un conjunto de columnas que rematan en una bóveda fantástica. No podemos olvidar un sinfín de cosas muy interesantes que debemos ver dentro de la propia catedral, tales como: El coro, la capilla Mayor o Altar Mayor, la capilla de los Apóstoles con unas columnas platerescas finísimas y un retablo renacentista único, la capilla del Obispo, de San Antolín y quince capillas más, todas ellas con advocaciones a distintos santos y vírgenes a cual más interesante, conforman un conjunto sacral del interior del templo realmente espectacular. Esta catedral, como casi todas, verla en detalle en un solo día resulta un tanto complicado ya que si uno quiere detenerse ante las grandes manifestaciones artísticas que nos ofrece, por lo menos es necesario un día entero para este menester, pero hoy hemos de poner fin a esta visita así que dejamos para otra ocasión profundizar en los detalles.
Subimos hacia la parte más alta de la ciudad desde donde se puede ver a “ojo de pájaro” la artística labor de la naturaleza al conseguir las hoces del Júcar y el Huécar así como el verde paisaje lejano de la serranía.
Por sus empinadas y antiguas calles cargadas de historia bajamos hasta las famosísimas Casas Colgadas construídas en la Edad Media sobre la hoz del Huécar y que en su día sirvieron como atalayas defensivas e incluso como morada de reyes. Un puente metálico peatonal que cruza la hoz del Huécar desde la zona de las Casas Colgadas hasta el Parador de Turismo ofrece un paisaje impresionante. Merece la pena cruzarlo. Un poco más abajo nos encontramos la Torre de Mangana, resto de lo que fue en su día una fortaleza árabe y cuyo nombre ha llegado a nuestros días como uno de los monumentos más emblemáticos de la ciudad.
No podemos dejar Cuenca sin antes gratificarnos con la oferta cultural tan interesante que esta ciudad pone a nuestro alcance. El Museo Diocesano donde se pueden admirar tapices y alfombras típicas de Cuenca, ciudad que en su día albergó unos de los centros de confección de estas joyas textiles más importante del mundo, la Fundación Antonio Pérez con una amplia colección de arte que el artista ha ido coleccionando a lo largo de su vida, la Fundación Antonio Saura (Casa Zavala) con una interesante exposición permanente de este artista oscense uno de los más señeros representantes del surrealismo español del siglo XX, el Museo de Arte Abstracto donde se pueden admirar obras de maestros como Millares, Zóbel, Torner, Tapies, etc. y como colofón la Iglesia de San Miguel cedida por el obispado al Ayuntamiento de la ciudad y hoy habilitada como una de las salas de conciertos mejores de España.
Ponemos punto final a nuestra visita a Cuenca no sin antes degustar en cualquiera de sus santuarios de la buena mesa las excelencias de sus muchos y buenos restaurantes; pero como conozco un buen número de ellos no quiero citar nombres para evitar herir cualquier tipo de susceptibilidades, aunque lógicamente yo tenga mis propias preferencias, que las tengo.
Regreso hacia Madrid por la misma carretera que vine y como es preceptivo para mi me detengo en Carrascosa del Campo un pueblo típico de la Mancha de Cuenca en el que destaca sobre todo la Iglesia de la Natividad de Nuestra Señora, que se inició en el siglo XV en estilo gótico y a medida que se iba construyendo fue enriqueciéndose de lo nuevos estilos arquitectónicos que iban apareciendo. Destaca sobre todo la portada Sur, hoy entrada principal de estilo plateresco, con un aro conopial cuyo conjunto es de una belleza extraordinaria, también merece la pena la portada Norte de estilo neoclásico y la Oeste en gótico isabelino que está tapiada desde hace años para evitar su derrumbamiento.

Un paseo por Carrascosa del Campo resulta interesante, pese a ser en la actualidad un pueblo de poco más de seiscientos habitantes; siglos atrás tuvo un importante arraigo histórico como prueban los blasonados edificios que en el existen tales como la Casa Palacio de los Parada, la Casa Curato que hoy forma parte del Ayuntamiento y la Casa de los Escribanos convertida en casa rural, entre otros.
Antes de llegar a Tarancón me desvío a la izquierda en dirección a Uclés un pueblo que adquiere su fama por el Monasterio de Santiago de Uclés que fue sede de la Orden de Santiago.




La ubicación del monasterio se sitúa sobre un cerro que domina el pueblo y la comarca en general. En la antigüedad fue un castro celtíbero, durante la dominación musulmana fue una fortaleza árabe y al finalizar la Reconquista fue entregada a la Orden de Santiago que la convirtió en su casa matriz. Desde el siglo XII las construcciones defensivas que se habían levantado sufren una gran transformación, hasta que en el siglo XVI se inicia la construcción de lo que es el actual Monasterio en el que se definen perfectamente los estilos que prevalecen, el “plateresco”, el “herreriano” y el “churrigueresco”. El plateresco se aprecia en las ventanas orientales, en el artesonado del refectorio y en la sacristía. El herreriano se deja ver en la iglesia a la cual algunos dan en denominar como “el Escorial de la Mancha”, donde destaca el retablo mayor, el panteón, el claustro y la fachada oeste.


El churrigueresco se pone de manifiesto esplendorosamente en la fachada sur, obra del famoso arquitecto barroco Pedro de Ribera.
Doy por terminado este viaje en mi constante periplo por tierras españolas, un viaje cargado de nostalgias y de gratísimos recuerdos de Cuenca y su provincia que llevo prendida en el alma, donde durante cuarenta años por unas u otras razones he estado viajando ininterrumpidamente. Espero que en los próximos años tenga el resuello y la fortaleza física me permitan seguir perdiéndome por las calles y plazas de esta noble ciudad así como por las tierras de su provincia donde el paisaje y el paisanaje le dan un atractivo único como reza el slogan publicitario del que hablaba al principio. ¡¡CUENCA, ES UNICA!!.
Por: LUIS YAÑEZ ABELAIRA.

lunes, 30 de noviembre de 2009

MEDINA DEL CAMPO, URUEÑA, SAN CEBRIAN DE MAZOTE, Y LA MOTA DEL MARQUES. (MIS VIAJES POR ESPAÑA).

Lentamente, aunque sin pausa alguna, pero al mismo tiempo expectante, como se han de hacer este tipo de viajes, sobre todo cuando uno pretende visitar a lo largo y ancho de un solo día un número considerable de lugares cargados de historia y de belleza, lugares cuya existencia uno ha conocido a través de lo que ha leído o estudiado y sobre todo por el interés que a uno le ha despertado la ilusionante información que ha ido recibiendo de amigos que le han hablado de estas maravillas que por regla general tenemos a “tiro de piedra”, y pese a transitar con frecuencia por sus alrededores e incluso detenernos a menudo ante ellas, lamentablemente no hemos reparado en lo que hemos tenido delante de nuestras propias narices.
Empiezo diciendo que el viaje necesariamente se ha de hacer sin prisas y sobre todo de una forma expectante, y esto no lo digo por decir, sino por que con muchísima frecuencia uno pasa delante de un monumento extraordinario y si vas ensimismado en otras cosas rara vez reparas minimamente en él, algo muy frecuente que le puede suceder a cualquiera, a mi personalmente me ocurre muchísimas veces, de ahí que mi consejo para disfrutar plenamente de este tipo de viajes, uno se olvide por unas horas de sus cuitas y sus problemas y estimule el sentido de la curiosidad para captar todo aquello que los sentidos sean capaces de percibir y disfrutará plenamente de la jornada, se lo garantizo. Y a fe que si además uno es capaz de organizarse y con un mínimo de método el día puede dar mucho de si y ofrecernos sensaciones verdaderamente inolvidables. Mi preocupación no es didáctica, ni muchísimo menos, hasta ahí podría llegar, lo que realmente me ilusiona no es otra cosa que servir de recordatorio para todos aquellos que transiten por los lugares que yo he visitado y alertarles de lo que allí pueden ver y disfrutar en toda su plenitud; ese es realmente mi único interés.
Por la autopista A-6, dirección a La Coruña, aproximadamente a 150 kilómetros de Madrid, hago mi primer alto en el camino en la insigne y noble Medina del Campo. Un día de otoño soleado con una agradable temperatura que le invita a uno a pasearse por esta villa cargada de historia y en la actualidad muy dinámica y bulliciosa y con interesantes iniciativas y actividades que ponen de manifiesto su inquieto espíritu secular que la llevó siglos atrás a ser uno de los centros comerciales más importantes de España y de Europa.



Una Medina del Campo moderna rodea todo el casco antiguo a excepción del Castillo de la Mota que se yergue a las afueras de la villa, en todo lo alto de una atalaya dominando la amplia comarca como si de un expectante vigía se tratara. El castillo cuya construcción se inicia en el siglo XI, y que como fortaleza puede considerarse una de las mejores de su época, solamente el de Coca (Segovia) podría competir con este en lo que a su condición defensiva se refiere. Lo más significativo de este monumento es la Torre del Homenaje, cuadrada, de 13,5 metros de lado y con una altura de 38 metros, lo que le confiere un aspecto impresionante y al mismo tiempo aparentemente inexpugnable. El Patio de Armas con una interesante portada gótica mandada realizar por Beatriz Galindo, y que es copia de la que estaba en el Hospital de Madrid y que llevaba su nombre, y que fue instalada en este lugar por orden del Marqués de Lozoya. La Capilla de un estilo románico mudéjar restaurada recientemente, concretamente en la década de 1.970 por iniciativa del abad del Valle de los Caídos, Fray Justo Pérez de Urbel y lo cierto es que se hizo con gran sobriedad y guardando rigurosamente las líneas litúrgicas y simbólicas típicas de este tipo de templos. El Vestíbulo presenta como curiosidad la decoración hecha con una copia de la carta de Juan de la Cosa, que acompañó a Colón en el primer viaje como contramaestre y en el segundo viaje ya como cartógrafo, y que fue autor del primer mapamundi que mostraba los territorios descubiertos en tierras americanas.
La Plaza Mayor de Medina del Campo nos ofrece un monumento de lo más singular, el “monumento a la letra de cambio”, situado en una esquina de la misma y en el que una lápida reza así: “CORRIENDO LOS SIGLOS XV Y XVI QUE SEÑALAN EL APOGEO DE LAS CLASICAS FERIAS DE MEDINA DEL CAMPO, EN ESTE PARAJE DE LA PLAZA MAYOR INSTALABAN SUS BANCAS LOS CAMBISTAS-BANQUEROS DE ENTONCES. ABIERTOS AL AIRE DEL MUNDO, MEDINA FUE POR AQUELLAS CENTURIAS COMERCIALMENTE ECUMENICA Y LA LETRA DE CAMBIO CRISTALIZO AQUÍ EN SU FORMA DEFINITIVA”.

En la misma Plaza Mayor se encuentra la Colegiata de San Antolín, posiblemente el edificio histórico más importante de Medina del Campo, cuya construcción se inició en el siglo XVI y se terminó en el XVIII. La categoría de Colegiata le fue otorgada por el Papa a instancias de los Reyes Católicos, perdiendo este privilegio en el siglo XIX, desconozco el motivo.


Su estilo no guarda una unidad estilística ya que en él se entremezclan el gótico tardío y la explosión del Renacimiento en todas sus facetas y variantes. En la nave del Evangelio se pueden admirar distintas capillas con advocación a vírgenes y santos de muy bella factura. Con las bóvedas y columnas del templo merece la pena emplear un tiempo para deleitarse con lo espectacular y perfecto de su construcción. Otro detalle de interés en el atrio es el balcón de la Virgen del Populo.
También la Plaza Mayor el edificio del Ayuntamiento de Medina del Campo, construido en el siglo XVII y en cuya fachada se puede ver el escudo real y el timbre heráldico de la villa.
Igualmente en esta misma plaza, tiene su entrada el Palacio Real Testamentario de Isabel la Católica, un edificio que por sus características pone de manifiesto la sobriedad en la que vivía la reina Isabel. En la entrada una estatua en bronce de Isabel la Católica con un pié que dice: “El sueño de una reina”, el piso superior habilitado como museo en el que se pueden apreciar varias cosas, entre ellas la habitación con la cama, me imagino que supuestamente donde murió la reina Isabel, una sala con copia del testamento de la reina y otras dependencias más en las que se pueden ver los descubrimientos y varias cosas más de notable interés.




Encamino mis pasos hacia una de las villas que a mi personalmente más me gustan de toda España, Urueña, que aparte de su bella construcción y estructura el hecho de que sea considerada la más importante “villa del libro” que existe en nuestra patria y que aspira a conseguir a través de los libros un desarrollo turístico, algo que merece el reconocimiento a todos aquellos que han gestado este singular y noble proyecto. Urueña con sus calles y casas restauradas, algo que se ha hecho con exquisita profesionalidad, ha conseguido mantener su aspecto de ciudad medieval a pesar del incendio que sufrió a finales del siglo XIX y que destruyó prácticamente medio pueblo.
Conserva la mayor parte de la muralla y desde ella se aprecia una panorámica de la meseta castellana que justifica el famoso dicho, “ancha es Castilla”. Sus monumentos más importantes son la Iglesia de Santa María del Azogue, de estilo gótico-renacentista además de un intento incompleto en estilo barroco.

Fuera del casco amurallado, a escasamente 2 kilómetros antes de subir al pueblo, la Iglesia de Nuestra Señora de la Anunciada de estilo románico lombardo cuyo conjunto es de una armonía arquitectónica bellísima, aunque en el siglo XVIII se le añadió al ábside un camarín neoclásico que no deja de ser un “pegote”, aunque justo es decirlo el paso de los años con su inclemente pátina lo ha ambientado con el resto del edificio más o menos bien.




Las murallas que protegían la villa fueron construidas en los siglos XII y XIII, y se accedía a la misma por la Puerta del Azogue y el Arco de la Villa. Su conservación es muy buena. El castillo que está adosado a la misma muralla se encuentra bastante deteriorado aunque en su época de esplendor tuvo verdadera importancia como fortaleza que servía para proteger la frontera entre los reinos de Castilla y León. Pero lo que realmente me atrae de Urueña es el número de librerías que existen, creo que ninguna ciudad, villa o pueblo del mundo tiene tantas librerías por habitante como esta villa vallisoletana. Un lujo para los que viven aquí del que pueden presumir con todo orgullo. Pasearse por sus calles delicadamente restauradas que mantienen un sabor antiguo visitando sus librerías y el Museo del Libro, es una verdadera delicia. Me llamó la atención que el gentilicio de los oriundos de esta villa se les llame: “Carrasqueños”, no se la raíz ni el motivo, pero me enteraré.
Me dirijo desde Urueña a San Cebrián de Mazote con una fijación única y exclusiva, visitar la iglesia mozárabe del siglo X, que al igual que San Miguel de la Escalada fue construida por los monjes mozárabes que venían huyendo del Al-Andalus. Es una iglesia que ofrece todo tipo de comparaciones y similitudes, por ejemplo su planta es muy similar a la de Santiago de Peñalba en el Valle del Silencio en León y en ella también se pueden encontrar reminiscencias paleocristianas y visigodas, en fin todo un lujo para la vista y el descubrimiento de cosas magníficas. La restauración que se ha efectuado la han hecho francamente bien y además con sumo cuidado para que el templo no pierda esa sensación de sacralidad para lo que fue construido en su época. Los arcos de herradura descansan sobre columnas cuyos capiteles son muy variados en cuanto a la decoración, cabe incluso la posibilidad de que se hubiesen aprovechado de épocas anteriores, romanas o visigodas; aunque esto no puede asegurarse. Las entradas de la iglesia están situadas a ambos lados del transpeto que está techado con dos exedras cubiertas con bóvedas gallonadas. El ábside central en forma de herradura también está cubierto con una bóveda gallonada. Dentro de la iglesia se conserva parte de un relieve con dos personajes, que no sabría decir si en su día estuvo en esta iglesia ó fue traído posteriormente como un elemento decorativo. La verdad es que hay muchas cosas que ver y lo que si os aseguro es que la visita merece la pena. En mi caso concreto en las cuatro o cinco veces que he estado aquí, siempre me ha pasado lo mismo casi sin darme cuenta me entretuve por lo menos dos horas casi sin enterarme, mirando de un lado a otro, hacia atrás y hacia delante, arriba y abajo, con una ansiedad desmedida. Realmente esta iglesia tiene algo especial que lo retiene a uno, sin explicación de ningún tipo que justifique esta curiosa atracción que ejerce sobre el visitante. Pero existe, de verdad que existe.




Cierro mi viaje en esta ocasión visitando la Mota del Marqués, un pueblo singular cargado de historia y que no se por que extraña e inexplicable razón varios de sus monumentos más interesantes están total y absolutamente abandonados. El nombre del pueblo le viene dado por que a finales del siglo XVI Felipe II concede a Don Rodrigo de Ulloa el título de Marqués, con lo cual pasa a llamarse desde ese momento La Mota del Marqués, anteriormente se había llamado Santibáñez de Mota y posteriormente La Mota de Toro.


Sin duda alguna el monumento más emblemático del pueblo es la iglesia de San Martín, la cual está cerrada al culto desde hace varios años debido al deterioro y al riesgo que presentaba para los fieles asistir en ella a cualquier acto religioso, un verdadero peligro de accidente por posibles desprendimientos. El techado está arriostrado con cables y otros elementos para evitar su desmoronamiento. El ventanal de Coro está apuntalado ya que sino se habría caído hace tiempo. El órgano está totalmente destrozado y abandonado, posiblemente sea irrecuperable. Grietas por todas partes y abandono general que si no se le pone rápidamente remedio a la vuelta de muy poco tiempo todo se vendrá abajo; cosa que sería imperdonable que un monumento de esta categoría desapareciese por falta de recursos para su rehabilitación, cuando hay dinero para otro tipo de iniciativas pseudo culturales que no interesan absolutamente a nadie, bueno si a algunos “listos” que algo se llevarán de rositas entre las uñas, como siempre. Su trazado es gótico tardío del siglo XVI y una portada con influencias platerescas. En el interior había una imaginería de muy buena calidad, que no se si estará todavía o habrá pasado a manos de algún “mal llamado” anticuario que a lo único que se dedican a expoliar y a trapichear con todo aquello de dudosa procedencia. “La Dolorosa”, “La Virgen del Carmen”, un “Cristo Yacente” y un “Cristo de los Pobres” son las obras más significativas a las que me refiero. Otros monumentos singulares son: El Palacio de los Ulloa que hoy está ocupado por un colegio de religiosas, el Castillo en ruina total, la iglesia del Salvador lo mismo, la ermita del Cristo y la ermita de Nuestra Señora de los Castellanos que según datos fidedignos se construyó en los terrenos que un día albergaron un monasterio de la Orden de los Caballeros Teutones.
Siempre que de pasada uno circunvala La Mota del Marqués, su silueta nos ofrece el proceso de la transición que fue sufriendo el pueblo a lo largo de los siglos, en lo más alto las ruinas de lo que fue el castillo que como otros muchos se construyeron al inicio de la Reconquista y que dieron nombre a Castilla, un poco más abajo el esqueleto de lo que en su día fue la iglesia del Salvador y que hoy no es más que cuatro paredes destartaladas y una erguida espadaña que lucha denodadamente contra el tiempo resistiéndose a ser vencida por la acción demoledora de este, y ya abajo en pleno pueblo la esbeltez de la iglesia de San Martín que como ya he dicho antes solamente queda de ella eso, su impresionante aspecto de lo que un día fue uno de los templos más importantes de las tierras castellanas y que clama una urgente y rápida restauración.
El día llega a su fin, lamentablemente no da mas de si, dejo para otra ocasión lugares que por su importancia merecen todo un día dedicado a ellos, Tordesillas con su importante y dilatada historia, el Monasterio de la Santa Espina y multitud de pueblos de esta vieja Castilla que albergan tesoros monumentales de una belleza incomparable. Hago votos de promesa a mi mismo que en poco tiempo estaré de nuevo aquí trayendo a estas páginas las sensaciones de todo lo que vea y sienta por estos históricos pagos. Hasta pronto amigos.
Por: LUIS YAÑEZ ABELAIRA

jueves, 12 de noviembre de 2009

ALCALA DE HENARES. (MIS VIAJES POR ESPAÑA)

Un día de asueto, tranquilo y sin prisas en Alcalá de Henares es algo que ningún mortal con un mínimo de sensibilidad debiera perdérselo. Pasear por la ciudad saboreando todos y cada uno de los muchos rincones que te ofrece, es un auténtico lujo, un lujo verdaderamente extraordinario para todo aquel que viva en Madrid o este de paso en la "Villa y Corte". Aunque solo sea por la cercanía, me refiero a los que viven en la capital de España, y por la justa y merecida fama que tiene, uno no debe perder la oportunidad de acercarse a visitar tan magna y extraordinaria ciudad. El ejemplo nos lo dan aquellos que se desplazan desde los últimos confines del planeta para rendirle homenaje y ver con sus propios ojos el lugar donde nació Don Miguel de Cervantes Saavedra, al tiempo que se embriagan del arte y de la historia viva de una ciudad tan singular y bella como esta. Les aseguro que nadie se lamentará del desplazamiento. Me agradecerán la sugerencia, sin duda alguna.
La urbe como tal nace en el siglo I a. de C. y alcanza un notable esplendor desde el siglo III d. de C., manteniendo estable su fama hasta el final del Imperio Romano en el siglo V. La ciudad que aprovechó un asentamiento celtibérico en sus inicios toma entonces el nombre de "Complutum" el cual según se desprende de los yacimientos arqueológicos le viene dado por las ruinas de la Casa de Hippolytus que fue realmente una escuela, (schola), donde las clases pudientes llevaban a sus hijos para que recibieran una buena formación tanto cultural como lúdica y religiosa. Allí podemos decir que se forjó la Universidad de Alcalá de Henares. Aunque si ahondamos en terrenos de erudición, hay quién asegura que "Complutum" viene del verbo latino "compluere", que significa "confluir", o posiblemente del término "compluo", cuya traducción sería "confluencia de aguas", nombre en mi opinión muy apropiado ya que en Alcalá de Henares confluyen los ríos Henares, Torote y Camarmilla.
A principios del siglo V con las invasiones bárbaras y posteriormente con el asentamiento de los godos en la península ibérica, curiosamente la ciudad sufre muy pocas transformaciones, es más mantiene incluso el nombre de Complutum y son precisamente los visigodos los que mejor aprovechan sus estructuras como ciudad, su condición de centro escolástico y sus avanzadas vías de comunicación.
Con la llegada de los árabes en el siglo VIII, la ciudad toma el nombre de "al qalat", que significa "castillo sobre el río Henares", por eso en el escudo de la ciudad aparece un castillo sobre unas aguas que simulan al río Henares. Fundamentalmente al principio de la dominación musulmana es cuando Alcalá de Henares adquiere importancia estratégica como punto de vigilancia y defensa de las incursiones de los reinos cristianos del norte en su afán reconquistador, hasta el año 1.118 que es rendida la plaza ante las tropas del arzobispo de Toledo, Don Bernardo de Sedirac. A partir de ese momento Alcalá de Henares gozaría de importantes privilegios e incluso Feria, siendo habitada pacíficamente tanto por cristianos como por judíos y musulmanes.
Pero es a partir de finales del siglo XV, concretamente en el año 1.499 cuando el Cardenal Cisneros funda la Universidad convirtiéndola en uno de los centros académicos más importantes de España, alcanzando su mayor esplendor entre lo siglos XVI y XIX, hasta que en el año 1.836 es trasladada a Madrid cambiando su nombre por el de Universidad de Madrid, que con el paso del tiempo pasó a llamarse en la década de los setenta del siglo XX, "Universidad Complutense de Madrid". Por sus aulas pasaron los maestros y alumnos más ilustres del Siglo de Oro español, es decir que la Universidad alcalaína alcanza el mayor apogeo de la cultura española en el período comprendido entre el año 1.492 en que se publica la Gramática de Lebrija, hasta la muerte de Calderón de la Barca en 1.681; aunque es de justicia reconocer que Alcalá de Henares como centro universitario fue cuna de sabiduría tanto en el campo de las Ciencias como en el de las Letras, como prueban insignes personajes como: Lebrija, Quevedo, Lope de Vega, Calderón de la Barca, Tirso de Molina, San Juan de la Cruz, Jovellanos, el Cardenal Mazarino, San Ignacio de Loyola y un largo etcétera de muchos más que dejaron huella de su magisterio en las aulas y al mismo tiempo prestigiaron y dieron brillo a este centro docente hasta convertirlo en lo que fue, uno de los más importantes de su momento histórico.
Desde que se traspasa la Puerta de Madrid, que así se denomina un arco del siglo XVIII obra del arquitecto Antonio Juana Jordán, en mi opinión de muy escaso valor artístico y arquitectónico uno puede decir que ya está dentro de la ciudad de Alcalá de Henares, metido de lleno en el casco antiguo que tan gratas sorpresas encierra y que se muestra insultantemente abierto a los ojos del visitante.
Tomo la calle Cardenal Cisneros hasta la Plaza de los Santos Niños y aquí me encuentro con la Santa e Insigne Catedral Magistral de los Santos Justo y Pastor, la única iglesia en el mundo junto con la de San Pedro en Lovaina (Bélgica), que posee el título de Magistral, debido a que durante siglos todos los canónigos debían ser doctores en Teología e impartir clases en la Universidad. Buena medida esta, si señor, aparte de alabar a Dios impartir enseñanza, mejor nos hubiera ido a todos si la iglesia durante siglos hubiera adoptado esta postura y no se hubiera metido donde no la llaman.
La fachada occidental es de estilo gótico florido y la torre del más puro estilo renacentista, que sin lugar a dudas es lo más interesante que nos ofrece el exterior de esta catedral, aunque a fuer de ser justo y sincero, en mi opinión el exterior de este templo arquitectónicamente es un tanto anodino, y por mucho que el Cardenal Cisneros lo hubiese pretendido, que fue el que acometió con más interés la reconstrucción del mismo, no consiguió el objetivo de darle el énfasis y la prestancia artística que deseaba para él. El interior es un poco más interesante, aunque tampoco es nada del otro mundo. Planta de cruz latina con tres naves y girola.



Por la ejecución de las bóvedas y los soportes se puede apreciar el estilo gótico isabelino propio de la época, lo cual le dan un cierto empaque a todo el conjunto interior.




Entro en la Calle Mayor, una calle porticada llena de encanto y al llegar a la esquina de la calle Imagen, me encuentro con la que fue casa natal de Don Miguel de Cervantes hoy convertida en museo donde se pueden apreciar una de las mejores colecciones que se han editado de El Quijote.




Frente a la misma un monumento de Don Quijote y Sancho Panza sentados en un banco, invitan al visitante a acompañarles en su poética y literaria soledad. En la misma calle un poco más adelante a mano derecha, la Plaza de los Irlandeses, donde el Colegio que un día albergó a estudiantes de aquel país con el nombre de Colegio Menor San Patricio, hoy es un importante centro académico de intercambio estudiantil. La plaza es uno de los rincones más recoletos de Alcalá de Henares, donde se agradece y se disfruta de un descanso en las terrazas de bares y cafeterías que allí se han instalado y que no desentonan nada con el conjunto imperante. Lejos del ruidoso ajetreo de los coches, el ambiente en si obliga de alguna forma a no hacer ruido y a un silencio moderado, así como a mantener un gran respeto por el entorno que te rodea.
La Calle Mayor desemboca en la Plaza de Cervantes, que en su día se la conoció como la Plaza del Mercado, ya que en ella se celebraban todos los acontecimientos sociales y festivos de la ciudad.




Hoy esta plaza está ajardinada con buen gusto y en ella como monumentos más importantes destacan la escultura de Don Miguel de Cervantes y el esbelto Quiosco de la Música.
En esta plaza también se encuentra el Corral de Comedias, del que se dice que es el teatro más antiguo de Europa en funcionamiento. Fue restaurado gracias a la encomiable labor de Mercedes Higuera, Miguel Angel Coso y Juan Sanz, que en los años setenta y ochenta lucharon denodadamente para evitar que el local fuera derribado. Mi mejor recuerdo y mi particular agradecimiento para ellos así como para el arquitecto José María Pérez González que el fue el que llevó a cabo una restauración en la que se conjuga perfectamente la estética y el armonioso sabor de lo clásico con las enormes ventajas de la modernidad. ¡Un éxito total y en toda regla!.
Un poco más adelante está situado el edificio del Ayuntamiento de Alcalá de Henares, de esbelta y graciosa arquitectura y poco más. Me hubiera gustado encontrar en él alguna singularidad, pero lo cierto es que por más que lo intenté no fui capaz de descubrir nada que me impresionara. Bueno pero tampoco está mal y lo que es mejor no desentona con el entorno, que no es poco.
Al otro lado de la Plaza de Cervantes, es interesante visitar la Capilla de Antezana y del Oidor, que se comunican a través de un arco mudéjar de bella factura, y enfrente totalmente separada, la Torre. Todo este conjunto monumental en su día formaron parte de la iglesia de Santa María la Mayor. Las dependencias se dividen en dos partes, en una se exponen los grabados de El Quijote y en la otra la pila bautismal en la que supuestamente fue bautizado Cervantes. Realmente no se de donde viene el nombre de "oidor", con el que se denomina la capilla, supongo que cuando visitas este lugar donde se proyecta y se narra la vida de Cervantes, uno es realmente un "oidor", que escucha con sumo interés todo lo que allí se dice sobre la historia del ilustre alcalaíno. Posiblemente exista otra teoría sobre el nombre de la capilla, pero la verdad es que yo la desconozco y por eso sugiero como válida la que anteriormente he expuesto. Hoy todo el conjunto está dedicado a Centro de Interpretación Los Universos de Cervantes. El lugar es de lo más interesante y está perfectamente atendido por un personal solicito que en todo momento te facilita y aclara cualquier duda sobre todo lo que allí se expone y explica.
Un paseo por la Calle de los Colegios en la que se pueden ver todavía restos de los 27 colegios de estudiantes que en su día tuvo Alcalá de Henares, unos todavía en funcionamiento, otros adaptados como dependencias universitarias, otros transformados en viviendas, alguno abandonado o desaparecido y uno de los más importantes como fue el de los Dominicos de Santo Tomás de Aquino transformado en centro hotelero de la red de Paradores Nacionales.
Me dirijo ahora a la Calle Libreros, que comienza en la Plaza de Cervantes donde acaba la Calle Mayor, y en el nº 11 de la misma, una placa conmemora la obra de Cervantes, La Galatea, que se editó en una imprenta que estuvo ubicada en este mismo lugar. Un poco más adelante, concretamente en el nº 23, el Instituto Cervantes, lo que antiguamente fue el Colegio del Rey y que hoy es una institución pública que tiene como misión fundamental la promoción y la enseñanza de la lengua española en el mundo.
He dejado para el final la visita a uno de los centros más importantes del mundo en lo que a la difusión de cultura y el conocimiento se refiere, la Universidad Complutense de Alcalá de Henares, una Universidad que desde su aprobación en el año 1.499 por una Bula del Papa Alejandro VI, a instancias del Cardenal Cisneros, abrió sus puertas como tal en el año 1.508 como un proyecto educativo extraordinariamente novedoso para aquella época, y que gracias a él se hizo posible nuestro Siglo de Oro.
Lo que antaño era el Colegio Mayor de San Ildefonso situado en la Plaza de San Diego, fue el origen de la Universidad alcalaína y es el principal edificio universitario donde se encuentra el Rectorado y el Paraninfo. La fachada es posiblemente una de las mejores obras del Renacimiento español, cuya autoría es de Rodrigo Gil de Hontañón, y el Paraninfo lugar de entrega de los Premios Cervantes anuales, son sin lugar a dudas lo más significativo de este extraordinario edificio, donde dejaron la impronta de su sabiduría Quevedo, Lope de Vega, Calderón de la Barca, Tirso de Molina y San Juan de la Cruz, que iluminaron con sus plumas desde este centro el más importante y excelso elenco literario del universo.
En Alcalá de Henares nacieron muchos personajes ilustres, nombres insignes que jalonan la reputada historia de esta ciudad universitaria, sin duda una de las más emblemáticas y prestigiosas que ha difundido profusamente el conocimiento de las Ciencias y las Letras a los cuatro puntos cardinales del planeta. Se podría citar un número ingente, todos ellos merecedores de un respetuoso e inmortal recuerdo, pero solamente voy a citar cuatro oriundos y que en mi opinión han sido realmente trascendentales y famosos: Don Miguel de Cervantes, Juan Ruiz el Arcipreste de Hita, Manuel Azaña y Catalina de Aragón reina de Inglaterra, casada con el rey Enrique VIII.
Se que me han quedado muchas cosas por ver en Alcalá de Henares, ermitas, palacios, museos, conventos, colegios y un sinfín de rincones que solo ciudades como esta con tanta tradición universitaria te pueden ofrecer. Lo dejo premeditadamente para otra ocasión, lo cual me obligará con sumo gusto a pasearme de nuevo por sus calles cargadas de historia, historia viva de una ciudad pujante que brilla con luz propia y con un fulgor similar al de siglos atrás al instaurar el prestigioso Premio Cervantes de Literatura en lengua española que desde el año 1.976 se ha entregado ininterrumpidamente todos los 23 de Abril en el Paraninfo de la Universidad, por mediación de los Reyes de España, a todos aquellos que a propuesta de las Academias de la Lengua de habla hispánica se considere que hayan sido merecedores de él. Desde el primero en recibirlo en 1.976, Jorge Guillén, pasando por Roa Bastos, Gonzalo Torrente Ballester, Octavio Paz, José Luís Borges, Francisco Ayala, Camilo José Cela, Miguel Delibes, Mario Vargas Llosa, Francisco Umbral, hasta el último Juan Marsé, un largo y brillante etcétera de insignes nombres de las letras han recibido este galardón, una distinción que hoy posiblemente sea la más importante que se entrega en el mundo como premio a la producción literaria en nuestro idioma.
Por: LUIS YAÑEZ ABELAIRA.

martes, 6 de octubre de 2009

VALENCIA. MIS VIAJES POR ESPAÑA.

Por supuesto que Valencia es la tierra de las flores, de la luz y de muchísimas cosas mas. Valencia es cuna de civilizaciones, crisol de culturas y un verdadero santuario de la modernidad. No digo nada nuevo que no se sepa. Su milenaria trayectoria nos habla de sus virtudes, de unas virtudes que las pone diariamente de manifiesto y que las seguirá poniendo en el futuro, por que el futuro es suyo, por que lo reclama, por que siempre está en la cabeza de sus representantes pedir elevados niveles de exigencia que la pongan diariamente a prueba en su claro e incuestionable compromiso ante sus ciudadanos. Aparte de ser la tercera ciudad mas poblada de España, Valencia es además la ciudad que en los últimos años ha conseguido que en su metrópoli se disputen mas acontecimientos de repercusión mundial que en ninguna otra del mundo. La Copa de América de Vela y una prueba del Campeonato del Mundo de Fórmula Uno, son argumentos inequívocos de la constancia y el trabajo de sus gentes, que han querido que su ciudad albergue acontecimientos de tan importante trascendencia.
El pasado día 1 de Octubre del 2009, nos desplazamos a Valencia mi esposa y yo, con dos objetivos fundamentales, pasar unos días en compañía de nuestros amigos Marta y Ramón a los que se lo habíamos prometido y volver a disfrutar de nuevo de los importantes monumentos arquitectónicos que siempre han engalanado a esta bella ciudad. De paso descubrir y apreciar esa pujante y nueva arquitectura contemporánea de corte tan futurista, que le han dado a Valencia ese sello cualitativo que la distingue de las demás capitales españolas en lo que a estética urbanista se refiere y que sin duda alguna ha superado a cualquier otra ciudad ribereña del Mediterráneo.
Un hotel en el centro de la ciudad con "sabor", con ese sabor especial que tienen las cosas antiguas de gran calidad, que te dejan un gusto muy especial, ese tipo de hoteles que te da la impresión de que estas viviendo en otra época. Un entorno único y maravilloso que nos ofrecía como vista principal desde el balcón de la habitación la impresionante fachada barroca de lo que en su día fue el Palacio de los Marqueses de Dos Aguas y hoy convertido en Museo Nacional de la Cerámica, colmó todas nuestras expectativas como lugar de albergue.

Dejamos las maletas y aprovechamos el momento para visitar el Museo al que acabamos de hacer referencia, el cual sorprende hasta al mas insensible por la espectacularidad de su fachada barroca en alabastro y por el interior con la inigualable belleza de sus tres plantas; en la baja una exposición de carrozas y silla de mano, la primera compuesta por salones delicadamente decorados es estilo francés que van desde una sala chinesca, sala de baile, salón rojo y otros más con el mobiliario auténtico que utilizaron los marqueses y una segunda planta donde una amplísima colección de porcelanas correspondientes a varias culturas, con amplia explicación de las técnicas utilizadas en su fabricación abren la entrada de la primera sala, destacando una cocina estratégicamente montada con cerámicas valencianas de distintos siglos y unas magníficas piezas obra de Picasso donadas por el mismo a mediados del siglo XX al Sr. González Martí y por ende este al propio museo que lleva su nombre.
Ya de la mano de nuestros amigos, una visita a lo que fue en su día el cauce del río Turia, hoy convertido en una sucesión de maravillas arquitectónicas que van desde esbeltos e impactantes puentes a distintos edificios de corte modernista, obra en su mayoría del gran arquitecto e ingeniero valenciano Santiago Calatrava, Premio Príncipe de Asturias en 1999, tales como el Museo de las Ciencias Príncipe Felipe, Palacio de las Artes Reina Sofía y el Ágora, todos ellos dentro del complejo Ciudad de las Artes y las Ciencias, con esa iluminación estratégicamente situada que realzan mas si cabe todo el conjunto constructivo, puso fin al improvisado recorrido nocturno, cerrando como colofón la jornada con una cena en un restaurante sabiamente escogido por nuestros anfitriones, donde un maestro extremeño de la cocina, afincado en Valencia desde hace bastantes años nos hizo disfrutar de la exquisitez de sus especialidades. El tal maestro se llama Morgado y de cocina a fe que sabe lo suyo, os lo aseguro.

A las nueve de la mañana del día siguiente, me dirigí apresuradamente a la Catedral de Valencia, el hecho de hacerlo a esa hora fue por mi interés en asistir en la Capilla del Santo Cáliz a unos actos litúrgicos y una misa cantada por el Cabildo de Canónigos de gran recogimiento y espectacularidad frente al cáliz que muchos aseguran fue el que utilizó Jesucristo en la Última Cena después de sufrir mil vicisitudes, y que se haya expuesto en una urna de cristal dentro de una hornacina de la Capilla, todo ello enmarcado en un conjunto extraordinario donde el impresionante retablo sea posiblemente una de las obras mas perfectas del estilo gótico florido que existen. El resto de las capillas interiores de la Catedral, tanto a derecha como a izquierda así como en torno a la girola son en su totalidad de estilo neoclásico. El cimborrio con su espectacular altura de 40 metros es una excepcional obra cuyas vidrieras fueron sustituidas por alabastro en el siglo XVIII, que se puede admirar con detenimiento sentado en uno de los bancos frente al retablo del altar mayor.


El Miguelete (Micalet) de 50 metros de altura, campanario de la Catedral en estilo gótico levantino y en cuya cúpula se apunta una cierta influencia barroca, me asombra por su estética por muchas veces que lo vea. Es realmente maravilloso, no me extraña que los valencianos estén orgullosos de este bello edificio. Posiblemente el Micalet sea el monumento mas emblemático de todo Valencia y por el que los valencianos sienten una especial predilección. Su nombre le viene dado por la campana que fue bendecida el día 29 de Septiembre de 1418, día de San Miguel. Como era de rigor, accedí a la cima del Micalet a través de sus 207 escaleras, donde a partir de las cincuenta primeras me faltaba el resuello, pero mi interés por disfrutar del extraordinario panorama que divisa de la ciudad desde tan elevada torre, pudo mucho mas que mi agotamiento físico, así que a "trancas y barrancas" coroné lo más alto no sin poco esfuerzo. Pero mereció la pena.
Del exterior de la Catedral merece la pena destacar fundamentalmente sus tres puertas de entrada: 1) La entrada principal, una puerta de estilo barroco, llamada la “Puerta de los Hierros”. 2) La puerta románica, la más antigua de todas, de estilo románico, llamada la “Puerta de la Almoina”. 3) La puerta de estilo gótico, llamada “Puerta de los Apóstoles”, donde curiosamente todavía se reúne el milenario “Tribunal de las Aguas” , que juzga oralmente los pleitos que puedan surgir entre los huertanos de Valencia.
Mi visita a la Basílica de la Virgen de los Desamparados la hice mas por lo que simboliza para los valencianos que por el interés artístico que tiene para mi. En su interior pudo sentir como el fervor y el recogimiento de los numerosos fieles que había en aquel momento lo inundaba todo como si de algo mágico se tratara. La fe es inexplicable, pero tiene algo que los que carecen de ella difícilmente pueden entender.
A escasa distancia del Micalet, la torre de la iglesia de Santa Catalina, parece como si quisiera competir con aquella en esbeltez y en altura, y la verdad es que vista desde la calle de la Paz, tiene un gran empaque y aspecto magnífico. Como dato curioso diremos que esta torre fue levantada fue levantada con las donaciones de los feligreses de Valencia, como reza en la lápida que está en uno de los muros de la misma. Esta iglesia de Santa Catalina, debido a los numerosos incendios que sufrió a lo largo de los siglos, ha llegado a nuestros días con una mezcla de estilos que van desde el gótico levantino, el renacentista y el barroco de la fachada que da a la plaza de Lope de Vega.
Me habían hablado muchísimas veces de la singularidad del Mercado Central de Valencia, pero en mis visitas anteriores o no había tenido tiempo o había preferido ver otras cosas, en esta ocasión a indicación de nuestra amiga Marta que nos aseguró "que merecía la pena visitarlo", decidimos acercarnos hasta él, y la verdad es que no nos defraudó lo mas mínimo, es mas resultó ciertamente interesante ya que al margen de su singular construcción a base de hierro, cristal y cerámica, la cuidada exposición de frutas, verduras, pescados, carnes y todo tipo de viandas, consiguen con su múltiple colorido y su estratégica y variada colocación, dar la sensación de ser un auténtico mosaico multicolor obra de un gran artista. Según nos han dicho, este es el primero y único mercado del mundo en el que habiendo más de 400 comerciantes individuales, han conseguido una informatización conjunta y al mismo tiempo una distribución domiciliaria común.
La situación del Mercado Central al lado de la Lonja de la Seda y de la iglesia de los Santos Juanes, no desentona absolutamente nada, más bien todo lo contrario, su estilo modernista conjuga perfectamente con el clasicismo de los otros dos edificios.
La Lonja de la Seda es sin duda alguna la mas importante obra del gótico civil que yo conozco en España. Este joya de la arquitectura se divide en cuatro partes: La Torre en la que en su tiempo sirvió de calabozo para mercaderes poco honrados, la Sala del Consulado del Mar similar hoy en día a los tribunales mercantiles, el Patio de los Naranjos para descanso entre trato y trato y la Sala de Contratación o Columnario.

Con unas bóvedas de crucería y unas columnas helicoidales de enorme belleza, en la que se llevaban a cabo todo tipo de transacciones de mercaderías, cuando Valencia era uno de los puertos mas importantes de todo el Mediterráneo.
La iglesia de los Santos Juanes, en principio fue de estilo gótico, pero a causa de los incendios, (mira que había incendios en Valencia, y lo que les gusta el fuego a los valencianos), sufrió varias transformaciones hasta su aspecto definitivo de hoy, el barroco. Debido a las obras de restauración que se están llevando a cabo en estos momentos, nos fue imposible visitarla interiormente.
Han dado las dos de la tarde, el sol calienta con justicia, el cansancio empieza hacer mella en nosotros, así que una incontenible apetencia por un gratificante aperitivo a orillas de ese Mar Mediterráneo que este día nos deleita con una agradable y cálida brisa, se convierte en una fijación para todos. Marta y Ramón saben donde y como hacerlo, así que diligentemente nos dirigimos a un tranquilo restaurante situado en una de las muchas playas que salpican el litoral valenciano, y allí después de ese ansiado y estimulante aperitivo, el milagro se hizo realidad en forma de "paella", un manjar único, que solo aquellos que disfrutan de las esencias y virtudes de la buena cocina son capaces de descubrir donde moran estos "alquimistas" de los fogones que con su sabia habilidad llegan a conseguir hacer un arte con el arroz y el resto de aderezos y complementos. Cuchara de madera en mano, que según parece es lo típico y ortodoxo, regado con un excelente vino, entre todos dimos buena cuenta de tan suculento plato, eso si en honor a la verdad, yo hice los honores sin miramiento alguno y con verdadera glotonería, no dejando ni un solo grano del exquisito "socarrat". Inolvidable.
Una visita a La Albufera, importante Parque Natural al que en su día los árabes denominaron "El espejo del sol", y que durante muchos años fue la despensa del arroz que se consumía en España, era obligado recorrerla y máxime en esta ocasión que después de las fuertes lluvias de los días anteriores presentaba un aspecto bellísimo. Un mar interior de agua dulce cuya profundidad media no supera el metro en las zonas de mayor calado, y en el que un considerable número de hectáreas están dedicadas exclusivamente al cultivo del arroz, hacen que ese territorio este considerado como una de las zonas mas importantes de la Comunidad Valenciana en lo que a nivel económico se refiere. Además de su valor productivo, hoy La Albufera valenciana es uno de los lugares mas importantes de toda la península Ibérica en lo que al paso de aves migratorias se refiere, e igualmente una zona vital para la nidificación de un buen número de anátidas.
Un paseo por la ciudad vieja, mejor dicho antigua, por sus singulares calles peatonales, saboreando profundamente ese regusto que solo las urbes con buena solera pueden ofrecer, fuimos encaminando nuestros pasos hacia la Iglesia de San Juan de los Hospitalarios, un templo de estilo gótico primitivo del siglo XIII, de una sola nave con bóveda de cañón apuntada en la que cabe destacar unos frescos del siglo XIII y un calvario con tallas del siglo XII.
Descansamos y reponemos fuerzas en casa de Marta y Ramón, un acogedor ático situado en el corazón antiguo de la ciudad. Desde su terraza se puede ver y percibir un espectáculo grandioso, todas las cúpulas de las iglesias circundantes y al mismo tiempo oír el tañido nostálgico y serio de esas campanas que fueron fundidas siglos atrás y que solo ellas dirigidas por una oculta varita mágica, son capaces de armonizar sus sonidos como si de una remota sinfonía se tratara. Todo un espectáculo gratificante para la vista y el oído.
Una frugal cena en la zona moderna de la ciudad con charla de sobremesa hasta bien entrada la madrugada, hablando de lo "divino y de lo humano", puso fin a nuestra estancia en Valencia durante esa jornada. Al filo del nuevo día, de repente y por sorpresa una sutil humedad marina hizo su aparición dejándonos su heladora y traicionera brisa, lo cual nos obliga a recogernos apresuradamente. La etapa había llegado a su fin.
Por la mañana siguiente antes de dejar el hotel, nuevamente volvimos a pasearnos por los alrededores del mismo para embriagarnos de todo ese olor, esa brisa, ese mar y ese arte que ofrece sin tacañería alguna esta generosa ciudad. A mi mujer desde el primer momento en que entramos en Valencia le había parecido una ciudad con encanto, no tuvo que esforzarse mucho para convencerme de que así era, y los dos sin pensarlo ni preparación alguna nos pusimos a tararear, "... es la tierra de las flores, de la luz y del amor". Y también como decía al principio de muchísimas cosas más.
Nuestro último recuerdo a Marta y Ramón que fueron tan magníficos anfitriones y que con su cariño hicieron que nuestra estancia en esta tierra nos resultase efímera y al mismo tiempo extraordinariamente interesante. Gracias de todo corazón.
Se que muchas son las cosas que nos han quedado por ver, Valencia ofrece tanto al visitante que es difícil verlo todo en un par de días, pero también es cierto que el tiempo lo aprovechamos al máximo, gracias a lo bien que conocen nuestros amigos esos rincones que no vienen en ninguna guía turística, de otra forma hubiese sido imposible. El próximo viaje descubriremos otras novedades e igualmente volveremos a disfrutar de su monumental belleza. Seguro que si.
Por: LUIS YAÑEZ ABELAIRA.

martes, 29 de septiembre de 2009

El mes de Agosto iba tocando a su fin. Las calles del Madrid de mis amores presentaban un aspecto fantasmagórico, completamente desiertas, ni el mas osado se atrevía a dar señales de vida por ningún sitio. Un calor de justicia señalaba en esos termómetros digitales acoplados en los famosos "chirimbolos", cifras que superaban holgadamente la barrera de los 40º C. Las perspectivas no daban más alternativa que el clásico chapuzón piscinero o una película en esos cines impersonales y clónicos que tanto han proliferado en los centros comerciales de la capital y en sus alrededores, y donde no hay ni azafatas que te indiquen lo que tienes que hacer, ni ventanilla de información, ni nada de nada, y donde la gente lamentablemente no sabe más que engullir de forma compulsiva enormes cantidades de palomitas de maíz como si en ello les fuera la vida. Que pena que hayan desaparecido aquellos cines auténticos, cines de verdad, con su escenario engalanado, con su correspondiente telón rojo donde además de vez en cuando también se representaban interesantes obras de teatro, con butacas de terciopelo, con platea y "gallinero", con acomodadores que cumplían celosamente su cometido con su pequeña linterna y que además iban lujosamente uniformados de tal guisa que parecían auténticos "mariscales de campo", con lámparas y apliques laterales de brillantes cristales, que nos evocaban los estrenos de películas de la Metro interpretadas por famosos artistas de la talla de Ava Gardner ó Henry Fonda, que hicieron las delicias de millones de espectadores. Estos cines de ahora serán todo lo funcionales que quieran, pero a mi me parecen almacenes estabulados que lo único que han conseguido es acabar agotando mis aficiones cinéfilas. Perdonad, pero sin querer me he enfrascado en esta crítica a las nuevas salas de cine, cuando el tema de hoy nada tiene que ver con todo esto.
Bueno como iba diciendo, las alternativas que se me presentaban no acababan de convencerme. Ni una cosa ni la otra me hacía ilusión alguna. Barajando posibilidades de sitios más o menos interesantes y atractivos, que no estuvieran muy lejos de la Villa y Corte, opté por la decisión de desplazarme a Avila. Estaba seguro que la idea sería una de las mejores soluciones para disfrutar de un buen día de asueto, de excelente yantar, de turismo cultural y sobre todo de una liviana y llevadera temperatura, (iluso de mi). Al estar la capital abulense a 1.131 metros sobre le nivel del mar y Madrid solamente a 667 metros, estaba convencido que la diferencia de altitud me gratificaría con una agradable climatología, de esas que los oriundos de aquí llaman "fresquita" y que los que venimos de afuera calificamos de "un frío que pela", ya que incluso en pleno verano te obligan a hacer uso de la consiguiente chaqueta o jersey, que es lo que yo previsoramente me llevé por si acaso, ya que la mayor parte de los días por estos pagos hacen su aparición o bien el cierzo ese viento helado del norte que no es ninguna broma a la hora de soplar, o esa brisa serrana que te obligan a resguardarte de su penetrante frío que te cala hasta los huesos. Craso error de cálculo el mío, hubiera sido mucho mejor haberme traído un abanico, ya que el calor en Avila sino era tan elevado como en Madrid andaba poco más o menos por unos valores similares; pero bueno tampoco era como para rasgarse las vestiduras, 3 o 4 grados menos se notaban con agrado. Las previsiones salvo en lo que a la temperatura respecta, se cumplieron en su totalidad y a la perfección en lo que al yantar, el turismo y la holganza se refiere.
A mi compañero y amigo Miguel Rosillo, que últimamente se une a mis correrías turístico-culturales, le pareció la idea de lo más acertado y atractiva, la ciudad castellana está cargada de historia y su monumentalidad es de lo más atrayente. Así que ni cortos ni perezosos enfilamos decididamente la carretera hacia Avila. No habíamos llegado a la mitad del camino cuando una llamada telefónica de nuestros comunes amigos Marta y Ramón, nos comunican que se unen con nosotros a la excursión, lo cual nos parece una idea extraordinaria, son una pareja animosa y con un trato óptimo y por encima de todo son excelentes compañeros y amigos de verdad. Así que quedamos dentro de la Catedral, que como todas las Catedrales mantienen establemente una agradable temperatura, disfrutando mientras tanto de la infinidad de detalles que nos ofrece esta maravilla arquitectónica




La gran ventaja de estas escapadas cercanas a Madrid, como en este caso, es que te pones en cualquier lugar en menos de dos horas, así que a las doce y media de la mañana Miguel y yo entrábamos en la Catedral de Avila, esa joya del gótico primitivo entremezclado con un románico de transición, cuyo conjunto adosado a la muralla le dan un curioso aspecto de fortaleza protectora de la ciudad.
No se sabe con exactitud cuando se inició la construcción de este importante templo, pero existen dos teorías, una que el origen del mismo data de principios del siglo XI según la opinión del historiador Alvar García de Santa María, español y judío converso que fue cronista del rey Juan II de Castilla padre de Isabel la Católica, y otra, parece ser que la mas solvente que dice que fue proyectada por el Maestro Fruchel en el siglo XII, uno de los más grandes arquitectos del arte románico juntamente con el Maestro Mateo y el Maestro de Jaca. Existe la certeza de que la girola y el ábside de la Catedral, las partes más antiguas de la misma, son sin lugar a dudas obra del Maestro Fruchel, y quizás una de las más puras manifestaciones del arte románico en España, aunque no se puede negar que en el proyecto de su construcción se apunta la pujante entrada del gótico francés en España. La Catedral no se finalizó hasta bien entrado el siglo XV sufriendo los cambios lógicos de los tres siglos que duró su construcción. En el exterior románico, gótico y barroco y en el interior además el estilo renacentista dejó una huella profunda dentro de la misma. Muchísimas son las cosas que uno estaría admirando durante horas sin cansarse, pero digamos que lo más significativo y famoso de esta Catedral es: "El Tostado", sepulcro de Don Alonso Madrigal que fue obispo de esta diócesis, obra de Vasco de Zarza, situado en la girola, un relieve hecho en piedra caliza de gran belleza, posiblemente una de las obras renacentistas más importantes de toda España.

El Altar Mayor de bellísima arquitectura románica, donde se quiere ver un despertar del gótico, con un retablo del siglo XVI última obra de Pedro Berruguete que no pudo finalizar, pero antes de su muerte dejó las pautas definidas para su realización y remate. El Claustro del siglo XIV de estilo gótico en el que destaca de una forma especial la Adoración de los Magos obra de Lucas Giraldo. Entrando en la Capilla del Cardenal donde a partir de aquí las salas son un auténtico museo, merece especial mención la custodia de plata obra de Juan de Arfe del siglo XVI, la sala de cantorales, la sala capitular con ornamentos litúrgicos en los que destacan casullas, dalmáticas y capas pluviales de bellísima factura. En cada rincón de las salas se pueden ver pinturas de importantes maestros de su época realmente interesantes.
La fachada de la Catedral, puede decirse que está inacabada, ya que el proyecto inicial era de dos torres iguales y solamente se construyó una en estilo románico de transición al gótico, el frontal entre las dos torres sobre la puerta principal es de un estilo barroco realmente extraordinario.
Después de recorrer de una forma pausada prácticamente todas las estancias de la Catedral, Marta, Ramón, Miguel y yo, acordamos que era una hora prudencial para gratificarnos con un almuerzo serio e importante, esto de visitar monumentos y admirar con entusiasmo obras de arte, a fe que despierta un apetito voraz. Son las dos y media de la tarde y paseándonos por esas calles peatonales cargadas de historia y buscando refugio del implacable sol en las sombras de los elegantes edificios blasonados, nos dirigimos al restaurante Bracamonte, que previamente nos había recomendado un amigo, y donde pudimos corroborar la más que justificada tradición culinaria de la ciudad, degustando amén de apetitosos entrantes unos generosos chuletones de Avila que nos dejaron realmente satisfechos a todos. Una larga y amena sobremesa hablando de lo divino y humano sentados en una terraza de la recoleta Plaza del Mercado Chico, donde la sede del Ayuntamiento destaca como el edificio más importante de ella, nos hizo recordar lo que un día dijo Azorín en su obra "El alma castellana", refiriéndose a esta localidad, "quizás Avila sea la ciudad más siglo XVI de España", yo creo que tenía mucha razón en el aserto. Todos los títulos honoríficos que se le han dado, los tiene sobradamente merecidos. "Avila de los caballeros", "Avila del Rey", "Avila de los leales", todos figuran honrosamente prendidos en el pendón que preside y representa a la ciudad.
Marta y Ramón deciden regresar a Madrid, mientras Miguel y yo seguimos nuestro peregrinar por la urbe, dirigiéndonos hacia el Convento de Santa Teresa, venir a Avila casi es obligado visitar a la Santa; ("Vivo sin vivir en mi y tan alta vida espero que muero por que no muerto") ; ver su huerto, su oratorio y su dedo incorrupto (¿), forman parte del ritual del circuito turístico.

Encaminamos ahora nuestros pasos hacia la Plaza del Mercado Grande, hoy llamada también Plaza de Santa Teresa, con la iglesia románica de San Pedro al fondo, de la que cabe destacar el rosetón de la fachada principal del más puro estilo cisterciense, la puerta con cinco arquivoltas sin decoración de ningún tipo nos habla de un románico austero del siglo XII, la puerta norte también con cinco arquivoltas pero más decoradas quizás sea la más interesante de los tres accesos al templo. La iglesia es de planta de cruz latina rematada en una cabecera de tres ábsides escalonados. Interesante monumento.


Las campanas del reloj de la Catedral nos sorprenden con sus graves y pausados tañidos diciéndonos que ya son las 7,30 de la tarde, hora de "vísperas", hora de recogimiento.

Dejamos transcurrir un buen rato, ahora si disfrutando de una extraordinaria temperatura, en una terraza frente a esa muralla casi milenaria, símbolo eterno de esta ciudad de "Cantos y Santos", llegando a la conclusión que el día había resultado satisfactoriamente completo, sin prisas, pausado, pero eso si disfrutando a tope en cada instante de lo mucho que esta ciudad ofrece en los innumerables rincones que tiene, y poniendo una vez más de manifiesto, esa máxima mía que hoy tiene más validez que nunca, "que el que carece de inquietudes está abocado a la apatía y al aburrimiento". Es un problema, un verdadero problema muy común en la sociedad actual y que solamente se soluciona con iniciativas ilusionantes capaces de despertar del letargo que produce la molicie y la incuria precursoras indefectibles de la desidia y del abandono. Nosotros no nos lo podemos permitir, todavía nos quedan muchísimas cosas que ver y con las que ilusionarnos. Verdad que si, Miguel.

Por: LUIS YAÑEZ ABELAIRA.





lunes, 28 de septiembre de 2009

AYLLON (SEGOVIA), SAN ESTEBAN DE GORMAZ, EL BURGO DE OSMA Y EL CAÑON DEL RIO LOBOS, (SORIA). MIS VIAJES POR ESPAÑA.

No sabría decir exactamente cual ha sido el principal motivo que me animó a realizar este viaje. En un principio pensé en El Burgo de Osma, (Ciudad de Osma), que desde el año 1997 en que se celebró allí la sexta edición de las Edades del Hombre no había vuelto a visitarla sin prisas y la verdad es que me apetecía disfrutar de nuevo de esta bellísima ciudad. También Ayllón y San Esteban de Gormaz y como no el Cañón del Río Lobos donde hacía más de diez años que no me dejaba caer por allí. Cualquier sitio de los citados era suficientemente atractivo para la excursión que programé de la noche a la mañana. Si uno de estos lugares tiene una cosa singular y bella, el otro también y no digamos el otro y el otro, así que realmente no sabría con cual quedarme a la hora de hacer una evaluación. La elección fue hecha puramente al azar. Pero lo que si tengo claro es que la improvisación a veces resulta de lo mas exitosa y eso fue lo que me pasó el día 25 de Septiembre del 2009, fue un día completo de verdad, de esos que cuando vuelves de regreso a tu casa te sientes agotado físicamente pero al mismo tiempo muy satisfecho por lo bien que lo has pasado y lo interesante que ha resultado.
En esta ocasión no tuve compañía por falta de previsión, para que alguien me acompañe entiendo yo que es preciso avisar cuando menos con un par de días de anticipación a los muchos amigos que me han dicho que les gustaría acompañarme en uno de estos viajes de un solo día, es decir salir de Madrid por la mañana y regresar por la noche. Como todo fue improvisado me pareció improcedente avisar a nadie, ni siquiera a mi esposa que tan buena disposición tiene siempre para este tipo de aventuras. El próximo viaje, que todavía no se ni a donde ni cuando lo haré, espero hacer las previsiones con la debida anticipación para buscarme una buena compañía, bueno eso es lo que pienso ahora, cuando llegue el momento ya veremos.
Autopista del Norte (A-1), 10,30 de la mañana, (tampoco hay por que madrugar mucho), con un día soleado sin una sola nube, típico del "veranillo de San Miguel", con una agradable temperatura y con la moral a tope, me dirijo en primer lugar a ese bello pueblo medieval llamado Ayllón, que circunstancialmente ese día estaba en fiestas. La villa de Ayllón, según el historiador Modesto Lafuente del siglo XIX, la fundaron los vacceos, pobladores celtibéricos del siglo III antes de Cristo, aunque esta teoría ni es fidedigna ni está totalmente demostrada. Lo que si es verídico es que este pueblo tuvo una importancia vital en la época romana, musulmana y desde su reconquista en el siglo XI por parte del reino de Castilla, fue un notable enclave hasta el siglo actual. El Señorío de Ayllón estuvo siempre ligado a la más alta nobleza, de tal modo que Doña Berenguela, madre de Fernando III el Santo y Doña Violante, esposa de Alfonso X el Sabio, fueron Señoras de Ayllón así como Fernando de Antequera que fue rey de Aragón tras el acuerdo del Compromiso de Caspe, también fue Señor de Ayllón. Pero si alguien forma parte de la historia de Ayllón es sin lugar a dudas Don Álvaro de Luna que pasó parte de sus destierros y largas temporadas por estos pagos y que fue nombrado Condestable de Castilla, Conde de San Esteban de Gormaz y Señor de Ayllón por el rey Juan II de Castilla, que depositó en el toda su confianza y con el que además compartía una gran afición cinegética que practicaba frecuentemente por esta zona; pero su extremada ambición y sobre todo las intrigas palaciegas y eclesiásticas, precisamente por el exceso de poder que acumuló le costaron la vida en el cadalso en Valladolid en el año 1453 cuando contaba la edad de 63 años.
Como monumentos más interesantes hemos de citar el castillo que fue destruido en el año 1295 y del que solo queda una torre a la que se le llama La Martina, en recuerdo a la iglesia de San Martín que estuvo ubicada en este mismo lugar. En la Plaza Mayor destaca la iglesia románica de San Miguel con un corredor porticado de dos alturas y un ábside con unos canecillos decorados muy interesantes aunque un poco deteriorados.



El Ayuntamiento un edificio relativamente moderno pero perfectamente ambientado con el estilo medieval de la plaza. A escasos metros, la iglesia de Santa María la Mayor, iniciada en el siglo XVII y finalizada a comienzos del XIX. El Palacio de los Contreras con una fachada gótica isabelina de gran belleza, de finales del siglo XV. Aunque a fuer de ser sincero, lo realmente interesante de Ayllón es su conjunto urbano que los ayllonenses y sus regidores, no han permitido que con el paso del tiempo perdiese su encanto primitivo y su inigualable estructura medieval, algo que merece un reconocimiento por parte de todos los que frecuentemente nos acercamos a visitar este pueblo tan maravilloso.
Siguiendo la carretera en dirección a Soria, llegamos a San Esteban de Gormaz, otro interesante pueblo que desde la carretera no ofrece lo que realmente es, por eso es preciso detenerse y caminar por él hasta la Plaza Mayor porticada y seguir hasta la parte alta donde están las ruinas del castillo medieval que lo preside todo desde lo alto de una atalaya. El antiguo trazado urbano tiene el sabor de los pueblos característicos de Soria, de la Baja Castilla, en los que parece como si el tiempo se hubiese detenido.




Cerca de la plaza está la iglesia de San Esteban aneja a lo que fue antiguamente un monasterio y hoy convertido en un importante centro hotelero. En la parte alta de la villa me sorprende gratamente la iglesia de San Miguel, de estilo románico del siglo XI, posiblemente una de las primeras manifestaciones artísticas de este estilo en la provincia de Soria y seguramente en toda España; una galería porticada de siete arcos de gran belleza nos hablan de la magia del número siete como número de la perfección, número de la creación y como una posible alusión a las siete primeras iglesias del cristianismo. La iglesia de Nuestra Señora del Rivero, románica del siglo XII, que igualmente tiene una galería porticada con nueve arcos de medio punto realmente interesantes. Dice el refrán "que más vale llegar a tiempo que rondar un año", y que cierto es ya que ese día aprovechando que estaban dos restauradoras con el párroco me permitieron ver unas pinturas recientemente descubiertas que representan un Calvario interesantísimo y en bastante buen estado.




Me autorizaron hacer unas fotografías para mi propio archivo, posiblemente se hayan hecho muy pocas de este motivo hasta el momento.
Desciendo desde lo alto del pueblo el cual me ofrece nostálgicas estampas que tenía medio olvidadas, señoras sentadas en sillas de enea a la puerta de sus casas en amena conversación supongo que hablando de sus cosas, pero que cuchicheaban y me miraban extrañadas por mi parsimonia y mi obstinada insistencia en ver todos y cada uno de los rincones del pueblo, pero cuando pasaba por su lado se hacía el silencio, yo les daba las buenas tardes y todas la unísono repetían "muy buenas", y al mismo tiempo me brindaban una amable sonrisa como respuesta a mi educado saludo.
Sigo por la carretera de Soria hasta la ciudad de El Burgo de Osma, (Ciudad de Osma), la cual merece un sinfín de elógios sobre todo lo que intramuros encierra.



Nada más avistar la ciudad, despunta la espadaña de la Catedral entre chopos y álamos que en estas fechas empiezan a manifestar el amarillento color de sus hojas que anuncian el balbuciente inicio del otoño.
De El Burgo de Osma difícilmente se pueden hacer calificaciones por separado, todo el conjunto en si es extraordinario. Me detengo fuera del casco antiguo y por la Calle Mayor porticada, prohibida a la circulación, (que gran idea eso de las calles peatonales), me dirijo hacia la Catedral, pero antes tengo que cruzar la Plaza Mayor y en ella me detengo; ya que se trata de un lugar celosamente cuidado y con un mobiliario urbano digno de la mejor ciudad del mundo, una plaza flanqueada por el Este con el Ayuntamiento un edificio del siglo XVIII muy esbelto y muy bien conservado, enfrente en el Oeste el Centro Cultural San Agustín, que en su día fue un hospital con el mismo nombre, el lado Norte conserva su construcción porticada que le dan un aspecto señorial y antiguo a todo el conjunto de la plaza. Siguiendo la Calle Mayor muy cerca de la Catedral, a mano derecha me encuentro el Palacio Episcopal del que me llama la atención sobre todo la puerta polilobulada de estilo tardogótico, unos cuantos metros más y desembocamos en una plaza donde la Catedral de Nuestra Señora de la Asunción minimiza al resto de las construcciones. Impresionante monumento de estilo gótico que inició su levantamiento en el siglo XIII sobre otro de estilo románico que había anteriormente. La fachada como ya hemos dicho es gótica, pero se aprecian en ella diversos añadidos de estilo renacentista y una torre barroca del siglo XVIII cuyo conjunto resulta de una gran categoría arquitectónica. El interior de la Catedral es todo un compendio de obras maravillosas que hace que uno se eternice en la visita hasta que los vigilantes te avisan que ya es la hora de cerrar. El año 1997 esta Catedral albergó la quinta edición de las Edades del Hombre, por algo sería. Sabiendo que me dejo muchas cosas interesantes sin citar, traigo a esta página algunas de las que recuerdo con más nitidez: El sepulcro de San Pedro de Osma, gótico que conserva la policromía original en columnas y bóveda, uno de los monumentos funerarios más singulares e importantes de toda España, situado en el centro de la Sala Capitular de la antigua catedral de estilo románico de transición al gótico de gran valor artístico. El siglo XVI nos ha dejado su impronta en las obras siguientes: El Claustro de estilo tardogótico, la Capilla Mayor con un retablo de Juan de Juni y la Capilla de San Pedro de Osma con una bella escalinata y una portada que dejan entrever una clara similitud con la Escalera Dorada de Gil de Siloé de la Catedral de Burgos. Tal fue la importancia e influencia que tuvo este obispado, que durante el reinado de Carlos III en el siglo XVIII, consumados maestros como Maella, Sabatini y Villanueva entre otros dejaron huella de sus obras en esta Catedral. Así un Códice Beato que recopila comentarios del Apocalipsis del Beato de Liébana, y el Cristo del Milagro una escultura románica de la que dice la leyenda que en el siglo XIII brotó sangre de su frente, y los retablos manieristas de Juan de Juni y un gran Museo Catedralicio y Diocesano en el que se pueden admirar una magnífica colección de arte sacro, pusieron punto final a mi visita catedralicia.
El Asador Marcelino, me sorprendió con sus platos típicos con una gran dosis de buen colesterol, como Dios manda, pero sabrosos de verdad. Recomendable sitio tanto por el ambiente como por la calidad de su cocina tradicional y casera.
A 17 kilómetros por la carretera de San Leonardo de Yagüe, me dirijo hacia Ucero y al Cañón del Río Lobos, un Parque Natural producto de la erosión del río sobre este terreno calizo, en el que se forman múltiples grutas y cuevas de aspecto muy vistoso y original. Una frondosa vegetación de sabinas y enebros entremezclada con el pino típico de la zona y los esbeltos chopos a las orillas del cauce, conforman todo ello un bello panorama con un aspecto muy pintoresco. Si mal no recuerdo los responsables del Parque ofrecen 15 rutas distintas para la práctica del senderismo y poder así admirar los bellos paisajes del Cañón del Río Lobos.
De las muchas cosas interesantes que nos ofrece el Parque Natural, destaca sobre todas la ermita de San Bartolomé, que posiblemente en su época formara parte de un monasterio templario, aunque esta versión no está totalmente corroborada.




La ermita se ubica en un lugar bellísimo y al mismo tiempo misterioso. Se atribuye a los Templarios que en su día calificaron este lugar como "uno de los centros neurálgicos del mundo", los otros serían Montsegur (último reducto cátaro) y el otro Jerusalén. No se si será cierto, pero la verdad es que aquí se percibe una extraña sensación espiritual difícil de explicar. Recomiendo visitar este sitio solo o en compañía de alguien que comparta un entusiasmo común en la materia, (no hace falta que sea un místico), eso si que sea un poco receptivo, y notará como a última hora de la tarde cuando los rayos del sol empiezan a declinar su luz y su brillo en el limitado horizonte que permiten los paredones calizos, le invade a uno la extraña inquietud de que como si algo no controlable flotase a tu alrededor. ¿Quizás mágico?. Pudiera ser.
En la iglesia de San Bartolomé de estilo románico tardío, (siglo XIII), con claras influencias cistercienses hay que destacar la portada sur, única entrada actual con seis arquivoltas apuntadas que nos anuncian la inmediata aparición del gótico, unos canecillos de variada talla simbólica muy interesantes y como curiosidad extrema los "ojos de buey", (óculos) situados en los hastíales del crucero norte y sur, en los que se aprecian como adorno fundamental de ambos la "estrella de David" de cinco puntas, prueba inequívoca de la influencia de los sufíes sobre la Orden del Temple en su estancia en Tierra Santa.





Para acceder a este bello paraje, es necesario dejar el coche en un aparcamiento habilitado para ello, situado a unos 2 kilómetros de la ermita, algo que me parece extraordinario, ya que de este modo solamente se acercan a este lugar aquellos que tienen interés o bien por el monumento o por el paisaje en si. Cualquiera de las inquietudes es loable y válida. Los domingueros de bocadillo en bolsa de plástico y lata de Coca Cola, que dicho sea de paso las dejan tiradas en cualquier parte, mejor que se queden en otros lugares preparados para este tipo de excursionistas, respetables como no, pero un poco ruidosos para un sitio como este que invita a la paz, y por si fuera poco no paran de hacer alarde de su dudosa importancia hablando a grito pelado por sus móviles como si todo fuera urgente y no pudieran esperar a salir de aquí, y lo que es peor aún, una total carencia de sensibilidad y del más mínimo y elemental principio de urbanidad colectiva y social, al permitir como algo muy normal que sus hijos jueguen con balones contra los muros de la iglesia como si de un frontón se tratara.
El sol había cedido en su intensidad y en las hojas otoñales de los chopos dejaba caer mansamente sus últimos rayos que se filtraban entre el denso follaje, lo que me permitía ver a las laboriosas abejas libar el néctar de las últimas flores del estío. Los 2 kilómetros de regreso fueron de un caminar lento y pausado, parándome cada pocos metros para quedarme extasiado observando como en las tranquilas aguas del río Lobos unas hojas similares a los lotos flotaban como si se tratase de la viva estampa de un paisaje del lejano oriente.
Cuando de regreso llegué a Ucero eché una última mirada hacia atrás, y aunque la retina la llevaba repleta de bellos paisajes del río Lobos, algo interiormente me avisaba que había dejado pendientes de ver bastantes más cosas que las que había visto, así que hice votos de promesa para volver a la primera ocasión que se me presente. Espero no tardar otros diez años.
La noche había dejado caer su manto oscuro sobre esta dura y mágica tierra castellana. La carretera serpenteante va dejando atrás El Burgo de Osma, San Esteban de Gormaz y Ayllón, en busca de la autopista A-1, que alcanzó una vez pasado el pueblo de Riaza. Una serpiente de faros de automóviles en dirección contraria me dicen que el fin de semana ha dado comienzo, Madrid va soltando a cuenta gotas a todos aquellos que van en busca del aire puro de estas tierras. Yo me apresuro en llegar a la capital para estar con los míos. El fin de semana entre otras cosas lo aprovecharé para recordar secuencialmente el día tan maravilloso que he pasado por estas tierras de Segovia y Soria.
Por: LUIS YAÑEZ ABELAIRA.